Pena, qué pena, penita mía

Tengo una pena que no me deja. Cada dos semanas viene, me hace cometer tonterías. Últimamente viene cada viernes. Pero viernes por medio, me contengo y no hago tonterías.

Creo que esa pena es la que me dio fuerzas todo el verano. Sí, así de raro como suena. A algunas personas la tristeza las tira para abajo. En mí, es como una euforia que me impulsa a salir y a hacer más cosas.

Pero cada viernes... Cada luna llena... Me mira a la cara y me dice "hola amiga, no te olvides de mí" "Mirame a los ojos"

Y eso es lo único que quiero decirle a él. Mirame a los ojos y no pienses en nada. Y a mí. Pero qué inútil eso. Es un sueño infantil. Como cuando estás cansada y te imaginás una cama gigante, que ocupa toda la Avenida Santa Fe, desde Callao hasta 9 de Julio.

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